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Hablemos de la trampa de la masculinidad

Dicen por ahí que la masculinidad está en crisis. Otros dicen que la masculinidad hay que cargársela. En otros casos, la masculinidad tiene que evolucionar. Tradicionalmente, el concepto de masculinidad ha ido ligado a una serie de rasgos y comportamientos que definen “qué significa ser un hombre”. La identidad cultural del género ha posicionado el comportamiento del hombre: como el hombre culturalmente tiene que ser muy macho, se comporta como tal.

La transformación de los roles de género y la expansión del feminismo hace que nos replanteemos hasta qué punto hay que seguir definiendo un comportamiento “propio” del hombre y de la mujer. La naturaleza es cambiante, por lo que es lógico pensar que hay múltiples maneras de ser hombre y de ser mujer más allá de una construcción social.

Ante este panorama y el hecho de que cada vez haya más hombres feministas, ¿es hora de reformular la definición de masculinidad hegemónica que el patriarcado ha perpetuado, o deberíamos renunciar a los conceptos de masculinidad y feminidad hacia un modelo igualitario?

Feminismo y masculinidad

El modelo de masculinidad hegemónica ha conseguido durante años reservar el poder y la supremacía al individuo masculino (generalmente el hombre blanco heterosexual). Mientras el concepto de masculinidad engloba relaciones de poder y privilegios, el concepto de feminidad ha estado más asociado a la persona sumisa, vulnerable y subordinada.

Sin embargo, todo ha cambiado con la consolidación del feminismo (thanks, god!). Las estructuras que el patriarcado ha creado y establecido en nuestra sociedad ya están obsoletas. Las diferencias culturales entre hombres y mujeres empiezan a oler a rancio y los modelos de comportamiento también han dado un buen giro (aunque queda muuuucho por hacer).

Los hombres feministas han llegado tarde, pero han llegado. Y en el momento en que un hombre se pone las gafas moradas, llega la hora de hacer autocrítica. O sea, llega el momento de desaprender y repensar una forma de relacionarse desde la defensa de la igualdad de género. En otras palabras: dejar de lado los cuentos de la sociedad patriarcal y definir su identidad de género y relaciones según su propia personalidad, no desde el viejo modelo de la masculinidad hegemónica prorrogado por el patriarcado.

En este punto es necesario hacer un paréntesis y recordar el poder de la palabra, ya que el uso de una terminología correcta es importantísimo en temas de género. Perdamos, por fi, el miedo a la palabra “feminismo”:

Machismo

Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. (RAE)

Hembrismo

Tipo de sexismo, falsa superioridad y prepotencia de las mujeres respecto a los varones.

Feminazismo

Término inventado por el locutor estadounidense Rush Limbaugh con el que comparaba a las mujeres que defendían el aborto en los años 70 con el Holocausto nazi.

Feminismo

Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. (RAE)

Cuando un hombre cis hetero comienza a comprender esta terminología y la importancia de defender el feminismo, el viejo cuento de la masculinidad hegemónica ya no sirve y las relaciones de desigualdad con las mujeres disminuyen. Si se rompen estos patrones, cada mujer irá encontrando poco a poco en la sociedad un lugar donde convivir sin miedo.

Hombres: ¿presas de un modelo tradicional?

El machismo (de una forma mucho más débil, claro está) afecta también a los hombres. La sociedad, a través de la construcción de la masculinidad, presiona al hombre a cumplir con ese estereotipo de “macho” que tanto daño está haciendo. En un modelo de masculinidad tóxica, el hombre que no hace alarde de sus cualidades de “macho man” acaba por ser desplazado de “la manada” y cuestionado por la sociedad.

En el pasado, según el modelo patriarcal de la masculinidad, si un hombre mostraba en público su vulnerabilidad o su parte sentimental, este se exponía así a ser inhabilitado de su hombría. El miedo a ser discriminado ha sido un aliciente más a la suma de tantos factores que han dilatado la existencia de la masculinidad tradicional.

En una sociedad más feminista, el modelo de masculinidad está más alejado del machismo, y el hombre encuentra en el feminismo un lugar en el que el rol de género del macho alfa ya no le define. El machismo solo está perpetuando el hecho de que ni un género ni otro sea libre para elegir.

Hacia una evolución natural

Con todo lo que está ocurriendo, está claro que el paisaje es cada vez más optimista y la sociedad está entendiendo que la lucha contra el patriarcado no es solo de las mujeres. No está siendo fácil destruir las relaciones de desigualdad, pero hay ciertas rutas que se pueden elegir para llegar a nuestro destino: una sociedad igualitaria.

¿Y cómo llegamos hasta ahí? Cambiando los modelos de referencia que tradicionalmente han estado asociados a una figura masculina: los altos cargos, por ejemplo. Si incrementa la presencia de mujeres en posiciones de poder, acabamos con la premisa de que es el hombre el único poseedor de dicho cargo.

“Los chicos no lloran”, “los chicos mandan”, “los chicos tienen que demostrar que son hombres”. Estas son algunas de las frases que escuchan los niños y niñas en el colegio y que acaban definiendo su concepción de los roles de género. Esto, no obstante, podemos combatirlo a través de una educación (tanto escolar como extraescolar) basada en la igualdad.

El cine, las series, los medios de comunicación, las redes sociales y los anuncios publicitarios también tienen mucho que hacer y decir aquí. No olvidemos que son reafirmadores de la cultura muy potentes. Sería increíble que cada vez más compañías, como el caso de Gillette, incluyera la desmitificación de lo masculino en su discurso. Saquemos de nuestra mente el estereotipo del “macho alfa” y empecemos a replantearnos los roles de género. Hagámoslo por TODXS.

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