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Me gusta viajar sola, ¿y qué?

Hoy no es cosa rara eso de mujeres viajando solas por todo el mundo. No hay más que echarle un vistazo a Instagram y ver cómo las influencers se pegan sus buenos viajecitos a cada esquina del mundo, con sus fotones incluidos. Pero esto no ha sido así toda la vida. Antes, alguien que viajaba por su cuenta era un bicho raro.

Ante todo, tengo que aclararos una cosa: una mujer viajando sola no es lo mismo que una mujer vaya a estar sola durante todo el viaje. Vamos, que una vez que se da el paso luego todo llega solo: destinos, comida y amistades que normalmente no conocerías si el viaje fuera con tu pareja o en grupo. Te conoces a ti misma y te das cuenta de que si vas de buen rollo todo el mundo se va a portar DPM contigo.

Como amante de los viajes en solitario he convencido a amigas mías que dudaban porque les daba un canguelo tremendo irse solas por ahí. Lo han hecho y el resultado (y no es por echarme flores) ha sido increíble. Han vuelto súper liberadas y con mogollón de amigos nuevos. DEMASIADOS, diría yo. Les pedí que me pasaran alguno, pero oye, no coló.

Quizá las ventajas de viajar sola te convenzan: comer lo que te dé la gana, uno o varios rolletes, levantarte a la hora que quieras, no esperar a nadie e improvisar. Cuando te expones a diferentes situaciones en la vida, te darás cuenta de que todo fluye y te salen planes muy guais con gente con la que normalmente no te juntarías. Prejuicios, todo son prejuicios.

Más claro, agua: el número de mujeres que se aventuran a hacer un viaje solas está creciendo como la espuma. Así es. Y a quien no le guste, que no mire. Los antiguos pensamientos de “soledad y felicidad no son compatibles” me saben a rancio.

¿Qué sería de las chicas si tuviéramos que obedecer todo lo que la sociedad nos inculca? ¿Qué pasa, que no tenemos derecho a ir a nuestra bola solo porque “el mundo es un lugar peligroso para nosotras”? Nuestra cultura nos está vendiendo algo que queda muy lejos of the reality. Que sí, que hay que ir con cuidado. Que sí, que hay mucho loco suelto. Lo sabemos. Pero esto no nos va a quitar las ganas ni el derecho de un viaje en solitario, ¿no?

Las mujeres que viajan solas no estamos solas. Cada vez nos juzgan menos y nos respetan más. Somos un símbolo de empoderamiento e independencia, y somos capaces de cuidarnos a nosotras mismas. Buscar aventura en nuestros propios términos es un planazo.

Entonces, ¿cuál es tu próximo destino?

Alejandra Fernández
 
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