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Trabajar en verano: ¿planazo o coñazo?

Ya seas más de julio o agosto, al trabajar en verano no olerás las vacaciones, sino más bien el aceite hirviendo de una freidora. Tú tan tranquilo en tu jacuzzi y yo limpiando vómitos en un restaurante de comida rápida.

Todos hemos pasado por esto. Estás en la universidad, eres un estudiante arruinado sin pasta y sin propina. El dinero ni cae del cielo, ni tampoco crece en los árboles y al que algo quiere, algo le cuesta. ¡Así que manos a la obra con la mayor motivación y alegría posibles! Toca redactar tu currículum repleto de trabajos ficticios y una carta de motivación donde mostrar hasta qué punto te mueres de ganas por hacer hamburguesas a 40°C.

Por otro lado, siempre puedes sacarte el curso de “Monitor de Ocio y Tiempo Libre” para asegurarte un puesto como animador durante estos meses. Solo que no te cuentan que el verano es la época en la que los padres desconectan de sus críos para poder concebir más. Menudo gustazo ocuparse de chiquillos con la nariz moqueando que solo saben decir  “¡Tengo hambre!”. Vamos, como un gatito, pero menos mono y encima ruidosos.

Además, también están los campamentos de verano. El mayor timo del mundo. Si te piensas que es una especie de “Verano azul”, lo llevas claro. Vivir en una tienda de campaña con adolescentes hasta arriba de hormonas alborotadas, todo ello por solo 20 euros al día, es más estresante que Pekín Express. ¡Ah! Y no comentemos los mosquitos carnívoros que te acosan cada noche.

Otra posibilidad es trabajar en bares o restaurantes, gracias al enchufe del primo de la compañera de trabajo de la amiga de tu madre. Ventajas: las propinas. Inconvenientes: la pesadez y el cansancio. El verano es un momento clave para ligar y los catetos no cogen vacaciones. Así que… Bueno, ya sabes. Estos especímenes nunca han entendido la diferencia entre ser amable y tener interés, pero tú debes sonreír y asentir con la cabeza sus comentarios machistas, ten cuidado, no parezcas una persona desagradable delante de tu jefe.

¡Está claro que es muchísimo mejor fregar platos en un bar que subir fotos a Instagram de tu increíble bronceado! Nótese la ironía. En realidad, nadie es feliz cuando tiene que hacer este tipo de tareas. Excepto las princesas Disney, pero ellas no existen. En fin, cerremos el debate.

Digamos que trabajar en verano es un paso indispensable para alcanzar la edad adulta, para ser el súper jefe de nuestro “yo” adolescente. Después, entrarás en el mundo laboral y, créeme, en ese momento agradecerás haber freído patatas fritas en una cadena de comida rápida.

Además, no está nada mal ganarse el dinero con sudor y esfuerzo. Cuando tus amigos lleguen más negros que un tizón y sin blanca de sus vacaciones, tu podrás alardear de tu dinerito fresco. ¡Venga, que tampoco es para tanto! Incluso puedes hacer amigos que están igual que tú en estos meses.

¡Hay que ver el vaso medio lleno, septiembre está a la vuelta de la esquina!

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