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Ser mujer y consumir pornografía: entre el placer y la culpa

Estás sola en casa, quizás con algunas cosas por hacer, pero no demasiado importantes, así que decides que es un buen momento para ver porno. Pum, tal cual, ¿por qué no? Empiezas a ver un vídeo que te causa una mezcla de excitación, rechazo, placer, admiración, asco… Y ya no sabes si te gusta, si no, o si están ocurriendo las dos cosas a la vez. ¿Te sientes identificada con esta situación?

En el brillante ensayo de Teoría King Kong, Virgine Despentes comenta:

"Primero nos empalmamos o nos mojamos, después nos preguntamos por qué”.

Y la muchacha tiene más razón que una santa. Experimentar sentimientos contradictorios al consumir pornografía es totalmente normal si tenemos en cuenta que se trata de una industria cuya principal misión es producirnos sensaciones extremas. Para ello, se sirven de imágenes fuertes que buscan arrancarnos de nuestro día a día y trasladarnos a un plano de ficción y fantasía en el que (casi) todo vale.

Pero si tenemos claro que los deseos más íntimos no definen quienes somos en el ámbito social, ¿por qué algunas mujeres siguen sintiendo culpa o incomodidad al disfrutar de la pornografía?

Ese runrún...

Si en algo estamos de acuerdo es que tradicionalmente el público objetivo de la industria del porno ha sido masculino y heterosexual. Recordarás con facilidad aquella época en la que tus compañeros de clase presumían orgullosos de inflarse a ver pornografía mientras tú y tus amigas apenas os atrevíais a comentarlo.

Consumir cine para adultos ha sido y es para muchas mujeres una experiencia excitante que ha ido estrechamente ligada al sentimiento de culpa. Si bien hace unas décadas la vergüenza estaba asociada al simple pudor, hoy la culpabilidad va ligada a la responsabilidad de estar perpetrando de alguna manera la cosificación del cuerpo femenino. ¿Es posible disfrutar de una escena de sumisión y de abuso de poder sin entrar en conflicto con nuestras ideas?

Reconcíliate con tus pulsiones

Despentes comenta que aquello que nos excita proviene de zonas incontrolables, oscuras y pocas veces en acuerdo con lo que deseamos conscientemente. ¡El porno es así! Entra en nuestras fantasías sin pedir permiso y nos deja en evidencia ante nuestras pulsiones más íntimas. Así que sí: es completamente normal que en ocasiones te abochornes ante ellas.

Sin embargo, que te excite un gangbang o una doble penetración no te convierte en la peor persona del mundo, amiga mía. De hecho ni siquiera significa que quieras reproducir esas prácticas en tu vida cotidiana (aunque si lo hicieras, pues ole tú, qué te vamos a decir). Lo que debemos empezar a entender es que el plano de la fantasía y el de la realidad son paralelos y que en ningún caso el primero determina quién eres en el segundo. ¡Así que di adiós a la autocensura!

El deseo te libera

Lo bueno de este conflicto moral es que han surgido numerosas directoras feministas que apuestan por un nuevo cine donde se alteran los roles de género de la cultura del porno. Erika Lust o la española Paulita Pappel son solo algunos de los nombres más conocidos en el sector.

Ahora bien, que el feminismo haya contribuido a engrosar la oferta pornográfica con una nueva estética NO significa que estés defraudando a tu género cada vez que te decantes por la pornografía tradicional. La ampliación de catálogo se realiza con el fin de aportar riqueza y representar el máximo de gustos eróticos posibles. ¡Aleluya! Sin embargo, no existe un tipo de porno válido y otro degenerado, y por supuesto no existe un producto exclusivamente hecho para mujeres. Simplemente elige aquél que más te excite y te haga conectar con tus fantasías.

Tomar las riendas de nuestro género empieza por decir SÍ a lo que nos estimula. Apropiarnos del deseo y sentirnos cómodas con él es el primer paso para ocupar aquellos espacios que originalmente estuvieron solo habitados por hombres. Esta es nuestra verdadera revolución. El porno -cualquier tipo de porno- es tuyo, es de todas; y pasar de vivirlo de forma prohibida a vivirlo en mayúsculas depende de la actitud con la que lo afrontemos. 

En resumen, si te gusta lo que ves, deja a un lado los conflictos morales y da rienda suelta a la diversión. Si de lo contrario el porno es una industria que todavía no ha respondido a tus necesidades, te invitamos a no tirar la toalla y a explorarla a fondo. ¡Nunca te conformes con la primera página de resultados! 

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