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Quememos el amor romántico

Odio el amor romántico. De forma profunda, en lo más hondo de mi ser. Lo quemaría en el infierno mientras, maquiavélicamente, me río al más puro estilo “muahaha”.

El amor romántico (de mierda) no es lo mismo que el romanticismo. No te equivoques. Soy una enamorada de la vida. Me encantan los paseos a la luz de la luna, las cenas iluminadas por cálidas velas o los bailes lentos con jazz de fondo. Eso es romanticismo, ¡y es genial! Pero el amor romántico no tiene mucho que ver. Es una serie de valores y creencias dentro de la hegemonía del amor. Para que lo entiendas mejor, digamos que es un manual básico de cómo debes actuar en una relación (para llenarla de toxicidad, claro está).

El amor romántico se perpetúa a través de la cultura. Literatura, música, cine, teatro… son algunas de las herramientas que el sistema utiliza para llenarte la cabeza de ideas que deberás llevar a cabo en tu actual o próxima relación. ¿Cuántas veces has visto a ese chulazo yendo a por la chica al aeropuerto? ¿Cuántas veces has escuchado la frase de “sin ti me muero” en una canción? ¿Cuántas veces has leído que los celos son positivos? La lista podría ser infinita pero te voy a dejar los mitos del amor romántico más consolidados para que los destruyas conmigo en el infierno. ¿Te parece?

  • La media naranja. Nos pasamos la mitad de la vida buscando a una media naranja y la otra mitad convenciendonos de que es la persona correcta. Cuando, ¡ey!, tú ya estás completa. ¿Para qué vas a seguir buscando algo que no necesitas? Las relaciones deben aportar sin que se conviertan en una necesidad.

  • Los celos, ¿son positivos?. Cuántas veces he escuchado que los celos son vitales en una relación. Y lo cierto es que… ¡son lo peor! Esta emoción compleja solo atrae discusiones y problemas si no se saben gestionar bien. Es normal sentirlos en algún momento pero no debemos aferrarnos a ellos y mucho menos ¡positivizarlos!

  • Es mío, mi tesoro. En una sociedad consumista lo que se valora por encima de todo son las posesiones. Dime cuántas cosas tienes y te diré lo que vales. Por eso tratamos a nuestras relaciones de ese modo. Como si fuésemos dueños/as de alguien y ese alguien fuese nuestro esclavo del amor. ¡¿Estamos locos?! Una persona no es una propiedad.

  • El sacrificio, ¿es bueno? De repente te sale un curro en Hong Kong y es el sueño de tu vida. Pero, ay, tu pareja, ¡no la puedes dejar! Decides que en vez de “abandonar” a esa persona, te quedas con ella. Y de ese modo tenemos una excusa perfecta para olvidar lo que un día quisimos hacer y echárselo en cara el resto de nuestra vida a la otra persona. ¿Qué pasa si un día lo dejáis? El sacrificio está premiado en las relaciones. Has dejado de hacer algo muy importante para ti por quedarte o estar con tu pareja. ¡Y eso no es sano!

  • El amor lo puede todo. ¡Eso no es cierto! El amor es un sentimiento precioso y maravilloso, pero no es el único ingrediente de una relación. Necesitamos confianza, comunicación, empatía y respeto para que todo salga perfecto.

  • Los dramas. Hay gente que es sumamente drama queen o drama king. Le flipan los dramones dignos de telenovela. Ahora te quiero, ahora discuto, ahora polvazo, ahora lagrimones… ¡Basta!

  • Adiós, comunicación. La falta de comunicación es un hecho en muchas relaciones. “¿Cariño, qué te pasa?”. “No sé, tú sabrás”. ¡Mal, mal, mal! Eso es lo peor que puede suceder. Debemos consolidar una buena base comunicacional para poder comprender qué le sucede a nuestra pareja y cómo expresar lo que sentimos.

Podríamos seguir y seguir, pero creo que ya vas entendiendo de qué va esto del amor romántico y la forma que se expresa en las relaciones interpersonales. A partir de aquí, plantéate cómo estás viviendo tus amoríos y qué buscas en ellos. Y si es amor romántico (de mierda) ya sabes lo que debes hacer: quemarlo.

Seal of approval de Mamá Casquet.

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