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Lo que no te contaron sobre la caza de brujas

El sombrero de pico, la escoba, el caldero, la risa malvada. ¿Todo en orden? Pues no. Lo que nos viene a la cabeza después de estas ideas es lo que la cultura popular nos ha vendido. Esa villana que le hace la vida imposible a la princesa. Esa mujer que nos estorba en el final feliz. “¡Peligro, que viene la bruja!”. Hoy se viene un cuento sobre la caza de brujas. Vamos a poner de prota a la ¿villana? Bueno… Después de leer este post, con un poco de suerte, la imagen mental que tienes de las brujas va a cambiar un pelín.

Durante los siglos XVI y XVII, Europa y EEUU fueron testigos de uno de los episodios más locos y sangrientos de su historia: la caza de brujas. La historia del proceso nos ha llegado como una leyenda lejana, olvidada y perdida. Poquísimo se sabe de toda la movida. De hecho, ni los historiadores tienen clara la cifra total de víctimas. La caza de brujas es una historia olvidada, sí. Pero está CLARÍSIMO que puede servirnos para entender el pasado y leer nuestro presente.

Lo que la cultura popular no te cuenta de las brujas

La historia de la caza de brujas se ha convertido en una leyenda, una fuente de diversión. Pero ¿cómo empezó todo? La verdad es que no tiene tanto que ver con calderos y escobas voladoras, sino con una campaña de terror contra las mujeres, demonización y supresión de su individualismo.

Según las creencias populares de la época, las brujas eran mujeres que habían sido “reclutadas” por criaturas infernales para adorar a Satán. El miedo a las brujas se extendió entre la población y los rumores no paraban de sembrar la desconfianza en la sociedad medieval. Las brujas eran algo así como un chivo expiatorio a las que se culpaba de todos los males de la sociedad. ¿Una mala cosecha? La bruja. ¿Una epidemia de una enfermedad rara? Bruja, sal a dar la cara. ¿La lluvia moja? ¡A por ella!

Una explicación que se le da a esta paranoia grupal es la necesidad que tenían los máximos poderes en la Edad Media (Estado e Iglesia) de encontrar una explicación y un culpable a las crisis que se sucedieron, por lo que torturar y ejecutar públicamente a mujeres inocentes les pareció la mejor opción. WTF?

Y, obviamente, todas estas ideas y leyes anti-brujería estaban aprobadas y respaldadas por hombres respetados y con una posición que daba seguridad y credibilidad ante el pueblo. Vamos, que los supuestos sabios e intelectuales del lugar eran los menos indicados.

¿Mujer libre e independiente? ¡BRUJA!

Pero, ¿quiénes eran las brujas y de dónde salían? Las principales acusaciones que se hicieron fueron a mujeres que estaban asociadas a oficios como los de parteras o curanderas, lo que las hacía poderosas a ojos de la gente. Otras se relacionaban más con el mundo científico y literario, pero tenían que hacerlo a escondidas para que no fueran juzgadas. El mero hecho de no responder a los convencionalismos sociales del momento ya las hacía sospechosas de brujería.

Eran mujeres fuertes, rebeldes, que hablaban con hombres más de lo que se consideraba correcto y tenían una concepción de su cuerpo y su sexualidad mucho más libre de lo que se esperaba. También constituía un estado bastante peligroso el de las viudas, que tenían experiencia sexual y no estaban ligadas a ninguna autoridad masculina, por lo que eran consideradas como grandes amenazas.

En esta caza de brujas, la mala reputación de una mujer es el mayor blanco de sospecha. La independencia, la rebeldía y el carácter fuerte se asociaba a ser servidor del demonio ¿os lo podéis creer? Que una mujer entendiera el mundo y a sí misma de una forma poco convencional era motivo para situarla como una amenaza pública y acusarla de pactar con el diablo.

La caza de brujas provocó, así, que la posición de la figura de la mujer no pudiera moverse de una categoría inferior y subordinada al hombre. El miedo no era solo el de la población a ser víctima de los maleficios de las brujas, sino el de la integridad de las propias mujeres, que se cuestionaba si no se comportaban como la sociedad esperaba.

Del cuento al crimen

El origen del crimen de ser bruja partía de una persecución que multiplicó la desconfianza de los hombres hacia las mujeres, sus posibles “enemigas”. Las mujeres señaladas de brujas eran incluso acusadas por sus vecinos, familiares o círculo de allegados.

En aquella época, no se necesitaba una denuncia sólida ni pruebas irrefutables para proceder al arresto de una bruja. Cualquier leve sospecha era suficiente, y este es el motivo principal por el que cientos de miles de personas fueran borradas del mapa.

Al fin y al cabo, los acusadores eran personas que sentían una gran presión religiosa y social que estaban segurísimos de la relación existente entre las brujas y el demonio. Su acusación estaba fundamentada y era entendible por todos, de ahí que tanta gente asistiera a verlas arder en la hoguera: no consideraban que estaban asesinando, sino que se estaban librando del mal.

Después de ser arrestadas, las mujeres acusadas eran torturadas física y psicológicamente hasta que confesaran que eran brujas. Además, estaban obligadas a delatar a otras brujas. La finalidad siempre fue crear una atmósfera de terror permanente y demostrar que quien fuera en contra de lo establecido lo pagaría caro.

A partir de la caza de brujas se insistió posteriormente en los cuentos y en la industria televisiva y cinematográfica que las brujas son las que acabarán mal, y que el personaje de princesa sumisa, hermosa y delicada es el modelo de mujer que hay que seguir para no equivocarnos.

El feminismo ayuda a las mujeres ahora a abrir la cabeza y a mirar ciertos sucesos de la historia con un prisma de género que analice la discriminación y persecución que llevamos aguantando bastantes años ya. Hoy leemos las historias de las brujas con el pensamiento de que tal vez fueron las primeras feministas. Analicemos, aprendamos y luchemos por ellas, las que se fueron y por ellas, las que vendrán.

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