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¿Han pasado de moda las citas?

Ya hemos oído hablar de algunas culturas matriarcales donde las mujeres manejan el cotarro de las citas, dando el temido "primer paso". Hemos oído hablar de ellas como si se tratara de ciencia ficción. Pero desde aquí o desde cualquier otro lugar, ¿no ha pasado de moda salir con alguien? ¿Coquetear es sinónimo de venderse a la otra persona? ¿Es sinónimo de dar el coñacito a un interlocutor con las mismas frases de siempre, los mismos chistes, la misma conversación? ¿No hemos hartado del coqueteo?

El elogio de la seducción

A diferencia del coqueteo, en que sólo lo juega un jugador (o un vendedor), en la seducción juegan dos. Proponemos hacer aquí un pequeño elogio a la seducción, como un juego en el que se entra libremente y del que se puede salir cuando se quiera. La seducción cambia con cada línea, es un juego que se inventa a cada paso y no un arquetipo que conocemos de memoria. Mientras que en las citas todo el mundo conoce sus líneas de antemano, la seducción es una improvisación infinita.

La tentación de lo nuevo

La seducción se convierte entonces en un juego que hace posible lo desconocido, la llamada de la emoción, la adrenalina y los nuevos deseos. Seducir es permitir que el otro sea una intriga perpetua, permitirse ser misterioso. Saliendo del narcisismo del coqueteo, la seducción es un estilo de atención al otro que le da todas las posibilidades de convertirse quizás... ¡en una aventura!

Aventurarnos en un nuevo territorio

En lugar de apostar por lo que piense la otra persona, por la forma en que te presentas ante ella o por la imagen que proyectas, la seducción es un juego en el que puedes establecer nuevas reglas para cada partida. Es así como la seducción se convierte en un territorio en constante expansión, un territorio único que vosotros creáis sin tener en cuenta los convencionalismos. Al prestar verdadera atención a lo genuino, estamos construyendo un espacio inimitable donde el amor se desenvuelve sin tapujos.

Sentirse bien con uno mismo

Además, al dar prioridad a nuestros sentimientos por encima de la imagen que proyectamos de nosotros mismos, nos damos muchas más posibilidades de conocer a una persona que cumpla nuestras expectativas, sean cuales sean. Al renunciar a proyectar una imagen prefabricada de nosotros mismos, tenemos mayores oportunidades de experimentar algo realmente nuevo. Está claro: al dejar de lado las guías de coaching, los consejos de los amigos y el sex appeal normalizado, somos más vulnerables. Pero también somos mucho más reales. Sentirse seguro de uno mismo puede hacer sentir a algunas personas incómodas con tu personalidad pero… ¡así es más fácil hacer la criba!

¡Cómo nos gusta complicarnos la vida!

Habrás comprendido que si coquetear implica olvidarse un poco de quiénes somos realmente, la seducción requiere que confiemos más en nosotros mismos y aceptemos nuestra vulnerabilidad. En definitiva, se trata de compartir la complejidad que nos conforma a cada uno de nosotros -y que, en consecuencia, también nos hace ser más interesantes-... Seducir es evitar considerar al otro como nuestro objetivo final, el objeto de nuestra caza. Seducir es, ante todo, descubrir al otro en un juego bidireccional que nos permite tener tiempo para saber si el otro nos gusta de verdad.

Así que, hombres y mujeres, daos el derecho a seducir... ¡y a ser seducidos!

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