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“Es que yo soy así” y otros cuentos para no dormir

“Mira, es que con todo lo que me ha pasado en la vida, ya no voy a cambiar”. “Oye, lo siento de verdad pero es que yo soy así y siempre he sido así”. Ajá. Ya. Vale. OK. Una frase recurrente, un refugio anti-cambios. Tu zona de confort está compuesta por cinco palabras. ES-QUE-YO-SOY-ASÍ. Así. Sí, así. Hasta la saciedad. No, cari. No eres así. Te sientes así. Actúas así. Te comportas así. Mientes así. Haces daño así. ¿Así sí, verdad?

Lo de “yo soy así” no va a funcionarte para todo

Decir siempre lo que pensamos y actuar bajo las mismas pautas de comportamiento no tiene por qué ser siempre la mejor opción en nuestro entorno social. Decir “yo soy así”, no significa únicamente que tu forma de ser es inmutable y no podemos hacer nada. Sino, que aun teniendo la posibilidad de cambiar alguna pauta de comportamiento, no lo harás porque sencillamente NO TE DA LA GANA.

Y esto, queridos, se da en todo tipo de situaciones: esa persona que siempre ayuda a todo el mundo y no recibe nada a cambio, ese que acaba una relación y al día siguiente está empezando otra, esa gente que siempre es infiel… Estas conductas, aunque las hayas adquirido a lo largo de tu vida y te hayas acostumbrado a ellas, te hacen más daño a ti que al resto.

Cuando decimos “Bueno, es que cada uno es como es” o “Si me quieres, me tienes que aceptar” estamos justificándonos por hacer algo mal. Es una forma de expresar que no vamos a poner solución a algo que hacemos simplemente porque “el mundo nos ha hecho así”. O sea, que si siempre eres impuntual no es porque hayas nacido impuntual, sino porque te da exactamente igual que la gente te tenga que esperar y es algo que no tienes intención de cambiar.

Cambia lo que quieras cuando quieras

A lo largo de nuestra vida, todxs nos hemos dado cuenta de lo importante que es tener una autoestima sólida, unos valores y una personalidad fuerte. Vamos, que es difícil encontrarte con alguien que no tenga/haya tenido un drama que no le haya dado una enseñanza magnífica. Pero cuando gritas a los cuatro vientos que tu personalidad no va a cambiar por la experiencia que has tenido, solo estás camuflando que tienes un ego que no entras por la puerta y que no QUIERES cambiar porque el cambio te hace sentir incómodo.

Nuestra personalidad, nuestras ideas sobre el mundo que nos rodea y nuestras tendencias pueden cambiar (y de hecho lo hacen todo el tiempo) a lo largo de nuestra vida. Es lógico pensar que si nuestro entorno cambia, nosotros también lo hagamos. Que sí, que hay cosas estables, costumbres y comportamientos. Pero no te creas que aunque algo sea estable, sea inamovible.

Podemos ser malpensados, desordenados o infieles. Peeeeero que hayamos desarrollado ciertos patrones por X razón no nos limita en absoluto. Cierto: cambiar requiere un esfuerzo enorme y cuesta mucho salir de unas rutinas. Pero estas rutinas no deberían servirnos para justificar ciertas conductas hirientes. No es justo, y nadie tiene por qué aguantarlo.

Cada día nos llegan mensajes de empoderamiento del tipo “Sé tú mismx”, “Tú vales mucho” o “Que nadie te diga cómo tienes que comportarte”. Ser uno mismo, queridos, no significa que tengamos que justificar nuestra mala conducta con una fuerte personalidad. Ser uno mismo consiste en mantener unos valores y unos principios. Y estos valores y principios no guía un mismo comportamiento toda la vida, si no que ayudan a que este evolucione.

Admitir que nos equivocamos demuestra una gran madurez. En caso de que haya algo que simplemente no quieras cambiar, prueba a reformular la frase: “Mira, tengo esta opinión y tú tienes esta otra. Respeto nuestras diferencias”. La próxima vez que alguien tenga alguna queja sobre tu forma de comportarte, evita la maldita frase. Entonces reflexiona, intenta no ponerte a la defensiva y plantéate si es necesario hacer algún cambio.

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