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¿Qué nos pasa con los amores de verano?

Cuando llega el calor los chicos se enamoran, parafraseando a Sonia y Selena. Todo el mundo sabe que cuando hay calorcito, hay ligoteo. Probablemente hayas tenido algún amor idílico en la época estival, un rollete que todavía perdura en tu memoria. Pero, ¿por qué los amores de verano son taaaan intensos? ¿Cuántas probabilidades hay de que un amor así continúe cuando empiece septiembre?

Son intensos, desgarradores y en ocasiones se trata de un flechazo. Nos volvemos loquitos de amor y solo podemos pensar en esa persona. Las noches cálidas, la brisa marina, los atardeceres de película los hacen AÚN MÁS apasionados. Como dirían Sandy y Danny: Oh, those summer nights…

Cuando estamos felices, somos más positivos, por lo que nos sentimos mejor con nosotros mismos. Y todo el mundo sabe que unas buenas vacaciones de playita y de ‘tranquileo’ son el ingrediente principal del buen humor: tiempo libre, buena temperatura, relax, chiringuitos, mojitos, neveras azules de playa y demás topicazos veraniegos que te encantan, ¡reconócelo!

Es más probable que el enamoramiento llegue a nuestras vidas cuando somos la alegría de la huerta y vemos la vida con el filtro UV de nuestras nuevas gafas de sol. En verano tendemos a salir más por ahí, viajar y probar cosas nuevas. Practicamos el ‘Carpe Diem’ como si lo hubiéramos inventado nosotros. Hay una energía especial que flota en el aire durante los meses de verano. Todos estos factores contribuyen a que en verano estemos más abiertos al amor y a comenzar una nueva y refrescante relación.

Un enfoque más hacia el momento presente hace que nos pensemos menos las cosas y nos rayemos menos de lo normal. En verano nos reímos más, disfrutamos de los pequeños placeres y creamos recuerdos que siempre guardaremos en nuestra memoria con una ternura especial. Ese hormigueo, ese primer beso, esas noches de parranda… ¡Ay, la libertad vacacional!

Estamos de acuerdo: los amores de verano son los más espectaculares. Pero, esa razón también hace que sean los que más nos cuesta olvidar y los más desgarradores. Los primeros meses de las relaciones son los mejores, porque son cuando tenemos más ilusión por que el amor prospere. Y si un amor de verano termina después de uno o dos meses… Nos da la sensación de que la cosa no tenía que acabar tan rápido. ¡ALERTA, ALERTA! Cuidadín con idealizar a tu amor de verano.

Tenemos que ser honestos con nosotros mismos: si se les llama amores de verano, es por algo. Vamos, que muchas veces la vuelta a la rutina es el momento de decir bye-bye a nuestro idilio estival. Las razones por las que terminar esta historia a lo Dirty Dancing pueden ser diversas: dificultad para llevar una relación a distancia, incompatibilidades, vuelta a la rutina de trabajo/estudios o simplemente porque nunca hubo pretensión de convertir el idilio en una relación seria.

¿Por qué nos ponemos tan intensitos? La ciencia habla

Durante años, los anuncios de Estrella Damm nos han intentado convencer de que los amores de verano son los mejores. Nada más lejos de la realidad (aunque hay que reconocer que la publi a veces se pasa de peliculera). En época de vacaciones, de tiempo libre y buen tiempo, se producen ciertos cambios en nuestro cuerpo que nos hacen más aptos para vivir un romance. Efectivamente, la ciencia está detrás de que nos enamoremos de todo quisqui en verano.

En verano, los días son más largos, por lo que hay más horas de un sol espléndido que nos recarga de vitamina D y nos deja una marca de bikini estupenda. La cantidad de luz extra hace que segreguemos más hormonas. Por algo se dice eso de “la primavera la sangre altera”. Las hormonas empiezan a revolucionarse en primavera, y durante el veranito querido las feromonas y la testosterona se montan un fiestón.

Además, en verano es cuando casi toda la people se pira de vacaciones o se coge unos días para relajarse y tumbarse a la bartola. Esto también provoca un efecto maravilloso en nuestro cerebro: cuando estamos relajados y felices, se liberan más endorfinas y serotonina. Todo este cocktail neuroquímico también ayuda a que estemos más dispuestos a fluir con la vida y tener relaciones espontáneas. Esto explicaría también la famosa depresión postvacacional, ya que la serotonina se encarga de regular el estado de ánimo.

Bases legales de los amores de verano

Vale, nos queda claro. A más horas de luz y más tiempo libre, mayor segregación de hormonas. Conoces a alguien, te encanta y tu hormonas se ponen de acuerdo para que este sea el crush de verano. Pero, ¿qué pasa después de este enamoramiento a 40º?

Para que se desarrolle el amor y se consolide el vínculo, va a hacer falta algo más que pura atracción sexual. Precisamente, los amores de verano se caracterizan por ser efímeros. Por este motivo suelen ser tan intensos y desgarradores. Nos hacemos todas las ilusiones del mundo y más, pero cuando llega septiembre... ¿hay alguien ahí?

Es importante, lo primero de todo, que tengamos los pies en el suelo y que seamos realistas en cuanto a las perspectivas de futuro con nuestro rollete vacacional. Es decir, que reflexionemos y tengamos claro qué esperamos de esta relación. ¿Algo serio? ¿Solo sexo? ¿Alguien que me ayude a partir la sandía?

A veces, una relación estival es una Crónica de una muerte anunciada: por un motivo u otro, desde que empieza ya sabemos que la cosa va a ser solo eso, un amor de verano. Por eso es clave que nos centremos en vivir el presente y tener unas expectativas acordes a la realidad. Piensa bien: ¿vale la pena implicarte emocionalmente con esta persona? Keep calm and no te rayes.

¡Ay, los amores de verano! Llegan a nuestra vida como un cataclismo emocional que nos despiertan sentimientos intensos y -en ciertos casos- desproporcionados. Hay aventuras en verano que merecen la pena para toda la vida. Un amor de verano nos dará experiencia, rodaje y unos recuerdos que siempre permanecerán.

Encuentra en AdoptaUnTío a tu amor de verano para toda la vida.

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