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El amor en términos millennials

Cada vez investigan más sobre la Generación Millennial, y lo cierto es que aunque muchos nos traten de alien kids, generación perdida o simplemente “esos chavales que están todo el santo día con el móvil”, hemos venido a revolucionarlo todo. Y con TODO, también me refiero al terreno amoroso. Que si el poliamor. Que si los crushes. Que si la sapiosexualidad. Que si el ghosting. Nos encantan las palabras molonas, ¿para qué mentir?

Una de las mayores críticas que nos hacen a los millennials es que nos cansamos rápido de nuestros ligues (porque hay mucho donde elegir). Pues sí, es cierto. Pero de esta situación somos a la vez víctimas y verdugos. Parece que con todo el rollo de las redes sociales y el libre acceso a la información, las cosas en el amor son más fáciles. Pero no, chatos. Las historias de amor cada vez son más complejas y tienen esquinas afiladas en forma de palomita azul de WhatsApp. ¿Qué? ¿No te lo crees?

1. El crush

La historia empieza. Chica conoce a chico. Perdón, no. Chica conoce a crush. Porque sí, ahora nos referimos así a la persona que nos gusta tanto como la paella de la abuela. El caso, que tener un crush normalmente viene acompañado de tener siempre una historia que contar a tu mejor amiga, tu BAE, esa persona que te escucha, te comprende y te aconseja, aunque casi nunca le hagas caso y terminas haciendo lo que te sale de ahí.

Los días pasan, y la amiga en cuestión comienza a recibir una cantidad ingente de notas de voz eternas hablando del susodicho. Esta pobre amiga se cosca de por dónde van los tiros, identificando todos los síntomas y definiendo el diagnóstico con tres palabras que resuenan hasta en Katmandú: te has pillao.

2. Las redes sociales

Las generaciones pre-millennials no tuvieron que preocuparse de poner fotos suyas en Internet, o de sentirse mal el día después de una fiesta viendo las ridículas Stories que subieron en pleno subidón de la noche. Tampoco tuvieron que lidiar con el drama de que el crush en cuestión no te conteste una InstaStory que claramente iba dedicada a él/ella. O pedir a tu amiga la detective, la Master Stalker, que averigüe todo lo que pueda en las redes sociales del crush y sus allegados.

Por si fuera poco, también hay que aguantar que tiempo después de una mala experiencia con una persona, esa persona empiece a orbitar alrededor de nuestras redes sociales intentando llamar la atención. O que seamos el crush de alguien y nos ponga de los nervios dando like a todas las fotos de nuestro perfil.

Ahora las relaciones no se hacen oficiales cuando presentamos a nuestro amorcín en sociedad, sino que se hacen ‘instaficiales’ cuando subimos la primera foto con esa persona. Entonces, ya no hace falta presumir de maromo por todo el vecindario. Ahora con insertar el hashtag #couplegoals en nuestra foto de pareja con filtro de perrito es suficiente.

3. El salseo

En todos los grupos de amigas hay un momento favorito, y sin duda este debe ir acompañado de un buen salseo que llega al grupo de WhatsApp como agua de mayo. Y por supuesto, el día que en el grupo hay una primera cita, el acontecimiento se sigue con un entusiasmo que ni la boda de Lady Di, oiga.

Todo el mundo está con unas ganas tremendas de que llegue el momento, de saber cómo (y dónde) acaba la cosa. Vamos, que están con todo el hype porque saben que esos dos tienen que estar juntos y los shippeos ajenos les dan la vida. ¡Ay! ¿Qué haríamos sin el salseo?

4. El drama

Pero no todo es “jiji, jaja”. El drama amoroso millennial tiene un montón de recovecos (y cada vez más). Qué bajona. Esta generación está caracterizada por tener una mejor gestión de las emociones. La comunicación es importantísima y los millennials son muy exigentes en sus relaciones. Es por esto que ahora se le pone nombre a todo: es necesario identificar qué pasa y por qué.

Un buen ejemplo de esto es que ahora hay todo un diccionario para hablar de que alguien ha pasado de nuestra cara. El ghosting, el zombieing, o el inocente pero doloroso “vamos hablando” ya están en boca de todos. Menos mal que ahí está, una vez más, nuestra querida BAE para decirnos eso que no ayuda mucho pero que, como amiga, está en la obligación de decirlo: “tía, no te rayes”.

Jamás un drama amoroso había tenido tantos nombres cool.

5. El amor (propio) siempre gana

De otra cosa no, pero los millennials de amor propio sabemos un rato. Tenemos toda la información y toda la educación sexual a nuestro alcance. Y lo mejor: que nos lo tomamos todo a guasa y hacemos un meme de cualquier cosa, ¿cómo si no íbamos a aguantar tanto drama?

Independientes y alocados, los millennials no somos unos bichos raros en el amor: queremos lo mejor para nosotros y tenemos la libertad de amar como queramos y a quién queramos. Pero sobre todo, sabemos que a los primeros que tenemos que amar es a nosotros mismos, y el resto va luego. #lovewins

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