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5 consejos para reconciliaciones más sanas

Malos entendidos puede haberlos en todas las relaciones, incluso en las más idílicas. Como los cabreítos puntuales (sin maldad, ojo) son la mar de naturales y todavía no somos seres perfectos como para evitar ciertos encontronazos, lo mínimo que podemos hacer es aprender conductas de reconciliación más sanas para dar por zanjadas las discusiones de forma responsable y evitar que esas situaciones vuelvan a producirse al cabo de poco tiempo.

Antes de dar con la fórmula definitiva de mediación, hablemos primero de algunas prácticas que quizás hayas probado y que no han acabado funcionando a largo plazo. Con este artículo te invitamos a detectar, analizar, corregir y, esta vez sí que sí, mejorar definitivamente tu forma de afrontar las discusiones en pareja. ¿Empezamos?

¿CÓMO HACEMOS LAS PACES EN PAREJA Y QUÉ DEBERÍAMOS MEJORAR?

Situaciones a evitar tras una discusión

Que sean actos comunes, no significa que sean sanos y mucho menos efectivos. Caer en tópicos pasionales de reconciliación es más común de lo que crees, por eso te invitamos a mirarte al espejo y a sincerarte sobre la forma en que anteriormente has solucionado los desencuentros emocionales.

- Hacer las paces en la cama sin tener una conversación pendiente: probablemente el mejor sexo que tengas en meses, pero después del revolcón… ¿Realmente sientes que han desaparecido vuestros problemas? No, es evidente que no.

- Callar y dejar que el tiempo pase por no volver a generar tensión: amiga, date cuenta de que el silencio es el gran enemigo de cualquier relación. Callar y hacer como si nada NUNCA ES LA SOLUCIÓN a ningún conflicto. Y cuando decimos nunca es nunca.

- Hablar con buena voluntad pero de forma precipitada y sin tener las ideas ni los sentimientos controlados: bien, parece que tienes claro que los conflictos se resuelven hablando, ¡pero no de cualquier manera! Si vais a hablar desde el dolor y el calentón del cabreo, mejor dejarlo para más adelante, cuando la comunicación se base en solucionar el problema y no en recriminarse todo a la cara.

- Acomodarse a las peticiones del otro sin dejar claras las tuyas: en la balanza del amor, ningún bando debe pesar más que el otro. Basar la armonía de una relación en el desequilibrio de atenciones y cuidados solo por no generar más problemas es una conducta tóxica y nada sostenible a largo plazo.

Nueva hoja de ruta para tener reconciliaciones más sanas

¿Te has visto reflejada en alguna de las anteriores conductas? ¡Tranquila! Estás más que a tiempo de integrar nuestros nuevos consejos para comenzar a vivir reconciliaciones a la altura del amor y la comprensión que merecéis tanto tú como tu pareja. Veámoslos:

  1. 1. Daros unos minutos o unas horas de espacio: para bajar los humos, reflexionar y volver al cabo del rato con mejores intenciones y palabras. A menos que la discusión haya sido muy fuerte y realmente necesitéis más margen de reflexión, no recomendamos irse a dormir sin haber abordado el tema. Dar un exceso de vueltas a las cosas también puede jugar a la contra y hacer que acabéis sobredimensionando vuestras emociones.

  2. 2. Ponte en la piel del otro: empatía, empatía y… otra taza más de empatía, por favor. Aunque cueste, deja el orgullo a un lado y procura entender el conflicto desde la otra postura. Esta distancia te permitirá entender todos los detalles que tus sentimientos más encendidos no te dejan ver.

  3. 3. No olvides comunicar con claridad y respeto tu posición: exige a cambio el mismo ejercicio de comprensión para que el flujo de la empatía circule en ambas direcciones. Sin un equilibrio en el acercamiento de posturas, ya te decimos que no puede haber una mediación fructífera.

  4. 4. Pactar un compromiso realista para intentar mejorar en todo lo hablado: si habéis llegado hasta aquí, no permitáis que el esfuerzo caiga en saco roto. Desde un punto de vista realista, ¿qué compromisos podéis hacer los dos para mejorar en el problema que os ha hecho estallar?

  5. 5. Acabar con un gesto afectivo que os deje buen sabor de boca: puede ser un beso, un apretón de menos cariñoso o un abrazo largo y sentido. Servirá cualquier gesto amoroso que transmita un mensaje de unión y la sensación de que, a pesar de las broncas puntuales, seguís siendo un equipo que rema en la misma dirección.

Dicen que del amor al odio hay un paso, y probablemente sea así, pero solo para quienes se saltan los pasos intermedios. Cuando hay amor y ganas de seguir construyendo juntos, no hay malentendido que se resista a la mejor de las reconciliaciones. Prueba a aplicar estos consejos y nota la diferencia.

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